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Oración a la Virgen de Guadalupe

Oración a la Virgen de guadalupe

La oración a la Virgen de Guadalupe es el fiel reflejo de esta popular devoción. Se trata de una de las advocaciones marianas más aceptadas por toda la comunidad católica, debido a su gran popularidad, no sólo de América, sino de todo el mundo.

Es un amor que ha cruzado las fronteras que delimitan cada país del continente americano, pero no se ha quedado ahí, comenzó a cruzar los mares y lenguas, y en la actualidad, es muy venerada por las comunidades católicas de muchos rincones de este gigante planeta.

Las oraciones dedicadas a Nuestra Señora de Guadalupe, a “la morenita”, como popularmente se la conoce, son rezadas con mucha fe. Pues se depositan en ellas, súplicas y peticiones, que los fieles creyentes, depositamos y nos encomendamos a Nuestra Reina, patrona de las Américas.

Es la fe, la única y poderosa condición, para que cada oración a la Virgen Lupita, sea ofrecida, con el más ferviente deseo de concesión.

Oremos a la Virgen Guadalupana, hablemos con Ella, en un diálogo simple y leal, para que podamos así, apreciar el verdadero acercamiento a la Madre de Dios y Madre Nuestra, y que esa unión sea fortalecida con el amor y la dedicación a una advocación que efectivamente, mueve montañas.

Depositemos en María de Guadalupe, la protección de nuestra familias, el amparo de los más humildes y desprotegidos, y pidamos por la próspera conversión, de todos aquellos, que se encuentran en el pecado, para que sepan ver en Ella, el único y más certero camino, hacia la verdadera, salvación de sus almas.

HERMOSA ORACIÓN a la VIRGEN de GUADALUPE

¡Oh Amada Lupita! Madre del Verdadero y Único Dios, y Madre de la nuestra Iglesia! 

Tú, que desde este lugar revelas tu clemencia y tu compasión a todos aquellos que piden tu protección; escucha esta oración que te dirijo con eterna confianza, y preséntala ante Tu Hijo Jesús, nuestro Único Redentor. 

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio oculto y silencioso, te dedico en este día, todo mi ser y todo mi amor. Así como también, mi trabajo, mis alegrías, mis tristezas, mis dolores y mis enfermedades. Te dedico, Madre de Guadalupe toda mi vida entera.

Concédeme la paz, la justicia, y la prosperidad a mi, a mi familia y a mi pueblo, nos confiamos ciegamente a tu Divino cuidado. Te confiamos todo lo que somos y lo que tenemos.

Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, deseo con muchas ansias, caminar siempre a Tu lado, aferrado a Tu mano, a Esa mano, tan dócil y amorosa, por este camino de la eterna fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia. 

¡Oh Virgencita Mía! Tú que elegiste aparecerte a Juan Diego, y que a partir de aquel encuentro, marcaste en nuestras vidas, una carrera intensamente cristiana, una carrera guiada por la senda del Amor, ese amor que llena mi corazón, cada vez que mis ojos te contemplan. Te pido, ¡oh Madre! por todos los obispos, para que sean el reflejo fiel de ese rumbo, que nos lleve al servicio humilde de Dios Padre.

Concede a cada uno de nuestros hogares, la gracia de amar y respetar la vida en sus inicios, con el mismo amor con el que concebiste en tu vientre la vida del Hijo de Dios. 

Bendita seas, Virgen María, Madre del Amor Justo, protege a nuestras familias, para que su unión, se convierta en el mejor fruto del amor.

Nuestra Hermosa Señora del pueblo Gudalupano, por medio de tu compasión, enséñame a ir continuamente a Jesús y, si las circunstancias de la vida, me hacen caer, ayuda de pido favor Madre Mia, a levantarme, para así, poder volver a Él, mediante la confesión de todas mis faltas y pecados, en el Santo Sacramento de la Penitencia, la única, que da a Paz a mi Alma.

Con estas súplicas, Madre Santísima, y con la paz de Dios en nuestra conciencia, libra a todos estos, tus fieles corazones, del odio y del mal, y poder así gozar de la verdadera paz, esa que nos hace llegar a Tu Hijo, Nuestros Señor Jesucristo, quien con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina, por los siglos de los siglos. Amén.

GRACIAS ETERNO a la VIRGEN de GUADALUPE

¡Gracias María de Guadalupe! Por acompañarme siempre y nunca abandonarme, me diste y me das todo: salud, felicidad, prosperidad.


¡Gracias! Porque cada mañana abro mis ojos y veo la luz del día.


¡Gracias! Por el sol vital que ilumina y atempera todo lo que toca.


¡Gracias María de Guadalupe! Por la naturaleza en la que me has colocado, por el aire que respiro día a día, por los paisajes hermosos que me regalas.


¡Gracias! Porque cada día descubrimos nuestra realidad, nuestra verdad, nuestra fe, y nuestro amor.


¡Gracias! Por hacerme entender y aprender cada lección que me presentas, lecciones que muchas veces hacen conocerme mejor, y conocer aún más a mi semejante.


¡Gracias! Por presentarme al fracaso, sin el cual la humildad no hubiera sido posible.


¡Gracias Virgen de Guadalupe! Por la familia que elegiste para mi, padres, amigos, y todo aquel que supo entender y escuchar en los momentos justos y necesarios.


¡Gracias! Por darme la templanza de aprovechar cada oportunidad que pusiste en mi camino, cada desgracia que pudo ser evitada, cada solución a los problemas acontecidos, cada victoria y derrota de las cuales he aprendido.


¡Gracias! Por la sabiduría cosechada, esa que me afirma y me certifica la existencia de Dios Todopoderoso quien me guarda bajo su protección. 


¡Gracias Eterno Virgen de Guadalupe! Por ser Quien Eres y por ser Quien Soy.


Amén.